Islas columbretes

Las Islas Columbretes aparecen en la novela “Queribus”. Reproducimos a continuación un artículo publicado por Pierre Lassauvetat en 2015 en la web navegando.es.

Las Columbretes

en la Historia

La historia de las Columbretes, la que se conoce por cierta, la que se adivina como probable y la que se imagina como posible (o deseada), tiene mucho que ver en la fascinación que ejerce sobre los marinos de la zona.

Todas las islas aisladas de todos los océanos son fascinantes, pero aquí estamos a pocas millas de las alegres Baleares, a una jornada de navegación a vela del amable litoral castellonense, y sin embargo el navegante que desembarca en las Columbretes siente como si llegará a la Luna. El aislamiento es extremo, quizás precisamente porque la civilización está muy cerca.

Los fenicios según Aviceno conocían estas islas como parte de las Ophiusas pero fueron los griegos y los latinos que las mencionan en sus cartas, estos últimos como Columbarias, evocando las serpientes que poblaban las islas.

Las Columbretes fueron durante siglos un refugio para pescadores sorprendidos en alta mar pero también escondite de piratas huyendo de las naves reales cargados de botín y de esclavos capturados en las vecinas costas y destinados a Oriente. Uno de los islotes fue dinamitado en el siglo pasado para hundir la cueva que escondía, bien llamada “Cueva del tabaco”.

La Historia reconoce un período “oficial” de colonización a partir del siglo XIX, inaugurado por la construcción del faro entre 1856 y 1860. Fue imposible empezar a trabajar antes de acabar con las víboras que pululaban en la Illa Grossa. Se intentó con el fuego, luego con un destacamento de presidiarios de los cuales varios perdieron la vida, y finalmente con cerdos, inmunes al veneno.

En 1894 el ilustrado Archiduque Ludwig Von Salvatorpermanece varias semanas en el archipiélago y escribe su tratado “Columbretes”, descripción pormenorizada de las islas.

Paralelamente la “otra” Historia nos cuenta leyendas, habladurías, rumores de piratas, náufragos caníbales, de cátaros huyendo de la Inquisición, de tesoros escondidos…¿Y qué decir de este enterramiento ritual datado del siglo XVI de un hombre con el cráneo aplastado descubierto en una cueva en 1990? La Historia y la Leyenda se confunden, y el navegante amarrado a una boya en Puerto Tofiño no tiene muy claro donde empieza uno y termino lo otro…

Quizás tanta leyenda es una manera de encontrar justificación a tanta soledad. Y sin embargo de noche, sobre todo en primavera, la tranquilidad se echa de menos entre tanto griterío de aves y luces en el agua…Vida.

Hoy las Columbretes son una Reserva Natural cuya flora y fauna es única, paraíso de buceadores y observadores de aves migratorias, tales como el rarísimo halcón de Eleonor.

Pero el Hombre apenas está tolerado en este entorno y de vez en cuando el Mediterraneo nos recuerda que permanecemos aquí porque lo permite. Miren las imágenes del vídeo, y quizás entedereís lo que podían sentir los fareros que, hasta el año 1975 pasaban semanas escrutando el mar.

Tan cerca y tan lejos

Todos los navegantes, sean viajeros transoceánicos o domingueros de aperitivo en la bocana, todos estamos convencidos de conocer lugares especiales, mágicos. Para algunos será una cala, para otros una playa, otros preferirán una taberna en el puerto donde se habla de barcos y de viajes.

No soy diferente a los demás, así que por favor déjenme creer que el archipiélago de las Columbretes, a escasos 35 millas náuticas de Castellón, es un caso sorprendente y extraño de isla hipnótica a las que uno no deja de volver.

Visito las Columbretes desde hace más de 15 años. Cuanto más voy menos entiendo porque vuelvo una y otra vez. Y más vuelvo a ir.

Tan cerca

y tan lejos

Todos los navegantes, sean viajeros transoceánicos o domingueros de aperitivo en la bocana, todos estamos convencidos de conocer lugares especiales, mágicos. Para algunos será una cala, para otros una playa, otros preferirán una taberna en el puerto donde se habla de barcos y de viajes.

No soy diferente a los demás, así que por favor déjenme creer que el archipiélago de las Columbretes, a escasos 35 millas náuticas de Castellón, es un caso sorprendente y extraño de isla hipnótica a las que uno no deja de volver.

Visito las Columbretes desde hace más de 15 años. Cuanto más voy menos entiendo porque vuelvo una y otra vez. Y más vuelvo a ir.

Suelo salir de mi puerto base, Burriana, o de Castellón, o de Valencia más al Sur. En algunas ocasiones he hecho escala de camino hacia las Baleares, o de vuelta.

Es curioso, después de muchas visitas, nunca he tenido viento a favor a la ida, nunca…

No esperen un puerto con taberna incluida. No pidan paella por radio, y preocúpese mejor de entrar por el Norte si es posible en la bahía pomposamente llamada Porto Tofiño, verdadera ratonera cuando sopla el viento Este. Allí os esperan unas boyas para amarrar. Grossa, La Ferrera, La Foradada y El Carallot son los nombres de los demás islotes que conforman el archipiélago.

Suelo salir de mi puerto base, Burriana, o de Castellón, o de Valencia más al Sur. En algunas ocasiones he hecho escala de camino hacia las Baleares, o de vuelta.

Es curioso, después de muchas visitas, nunca he tenido viento a favor a la ida, nunca…

No esperen un puerto con taberna incluida. No pidan paella por radio, y preocúpese mejor de entrar por el Norte si es posible en la bahía pomposamente llamada Porto Tofiño, verdadera ratonera cuando sopla el viento Este. Allí os esperan unas boyas para amarrar. Grossa, La Ferrera, La Foradada y El Carallot son los nombres de los demás islotes que conforman el archipiélago.

Amanecer en las Islas Columbretes

Es como si la Illa Grossa intentase rechazar siempre al visitante y le invitara a irse otra vez, celoso de su soledad. Los demás islotes sólo son rocas amenazantes plantadas en medio del mar, peligrosas de día para el Patrón distraído y mortales de noche, colonizadas por algunos reptiles autóctonos, antiguos refugios de contrabandistas y piratas berberiscos.

Amanecer en las Islas Columbretes

Es como si la Illa Grossa intentase rechazar siempre al visitante y le invitara a irse otra vez, celoso de su soledad. Los demás islotes sólo son rocas amenazantes plantadas en medio del mar, peligrosas de día para el Patrón distraído y mortales de noche, colonizadas por algunos reptiles autóctonos, antiguos refugios de contrabandistas y piratas berberiscos.